jueves, 24 de diciembre de 2009

Mi más grande Miedo


Consumí grandes cantidades de tabaco y "x" litros de agua antes de decidirme si era necesario o no escribir hacerca de vos. Y la verdad, todavía no estoy segura.

Pero este nudo en el estómago, señal de que se avecina una tormenta, no me deja en paz.

Y cuando quiero decifrar el motivo por el cual sigo despierta a estas horas de la madrugada, escuchando Secret Garden, aspirando el veneno de un cigarro y con el lápiz detenido sobre la hoja en blanco, sólo se me crusa tu bendito y condenado nombre por la cabeza. Sólo te veo riendo y pronunciando mi nombre con tu voz tan especial, sólo te veo serio y pensando en... quién sabe. Me encantaría adivinarlo.

No te imaginarías nunca lo terrible que es para mí asumir este estado. No en este momento. No quiero ni pensar en los días que van a venir a partir de esta noche.

Es que sin querer lograste cruzar sin escalas ese hielo que tanto me costaba romper.

Y realmente creo que fue sin querer, sólo tubiste que pararte frente a mí y sonreírme, pronunciar mi nombre y preguntarme cómo estaba. Sólo eso hizo falta. Sé que nisiquiera quisiste llamar mi atención, supongo que fue simple cortesía. Pero en mi interior comenzó a crujir el oxidado mecanismo del sentir. Y en estos momentos sigue crujiendo y luchando para comenzar a andar, creo que por eso molesta tanto.

Y en este texto sin sentido, sin una gota de inteligencia, de palabras mezcladas y pensamientos que van a la velocidad de la luz no hago más que demostrar mi más grande miedo. El miedo a querer. Sé que es algo que suele pasar a menudo en estos tiempos. ¡Pero, por Dios que es desagradable! Es molesto y hasta llega a darme ganas de sacarme el corazón y ponerlo en el rincón castigado por un tiempo.

No te culpo de mis delirios, nunca quisiste provocar esto que siento, lo sé.

Perdona esta mano que por momentos sólo dibuja trazos que le dicta el corazón sin pensar en las consecuencias que causa en esta mente débil y tan entregada a este carma de escribir todo.

Voy a hacer todo lo posible por no alejarte. Para que puedas seguir preguntando cómo estoy y mis ojos no delaten que era justo lo que estaba esperando. Para poder seguir viéndote, con ese aire de despreocupado y esa sonriza autentica que logra desequilibrarme.

Te doy mi palabra, voy a hacer todo lo posible por no arruinarlo.


Es que... simplemente... me gustó mucho hablar con vos esta noche.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Y aquí estoy... en este lugar es como si nada hubiera cambiado.

En este rincón oscuro sólo encuentro mi alma desnuda y las palabras que escapan de ella intentando ser escuchadas. Aquí fragmentos de nada vuelan sin sentido y en conjunto esa nada forma el sentido de mi vida. Este es el lugar donde evito llegar cuando me siento tranquila, lo evito porque no quiero escuchar a mi conciencia recordándome que hay puertas abiertas que deben ser selladas, que hay caminos que aún sigo caminando y debería correr en dirección contraria. Aquí es donde vuelvo cuando estoy desesperada y agotada de este mundo superficial y cambiante que no me da un respiro.
Pero en esta habitación oscura y húmeda hay un sillón que me invita a sentarme y pensar... pensar por largas horas en lo que estoy haciendo con mi vida. En los errores cometidos y tropiezos sin sentido. Me invita a tomar aquellos pedazos de nada que vuelan y se escapan de mis manos y armar el rompecabezas que me ayudará a dar un paso más hacia adelante.
Aquí nadie puede meterse más que yo, porque sólo yo tengo la llave y este lugar es sólo mío. En este lugar entro perdida y desanimada, me sumerjo en mi propio mundo y pienso...
Y mi alma en susurros me recuerda cómo planeaba mi vida justo antes de salir la última vez a la carrera, y llora porque sabe que casi siempre la olvido, que casi nunca recuerdo lo que habíamos pactado. Pero al final sonríe, feliz por mi regreso, porque se da cuenta que no todo está perdido. Y con su inmensa paciencia me ayuda a armar el rompecabezas denuebo. Y luego me deja ir, llena de esperanzas.

Todos necesitamos detenernos de vez en cuando. Dejar de escuchar los gritos de este mundo enloquecido y empezar a escuchar los susurros de nuestro interior.

Creo que después de todo... no fue tan malo volver a este lugar.