
Y bien... acá está la tercera y última parte del cuento. Se me hizo un poquito más largo el final pero bueno, no quería cortarlo más. Espero que les guste! :D
En la noche decidí acercarme a su casa. No iba a llamar porque no sabía qué podría decir, aparecer así de la nada por sentir que ella estaba mal no era algo coherente.
Pero todo esto no hizo falta. Al llegar a la esquina la vi sentada en la vereda, esa vereda que tantas veces había sido nuestro confesionario y testigo de nuestro amor, oculto aún de nosotros mismos.
Miraba el suelo, perdida.
Casi sin darme cuenta me vi caminando en su dirección, un hilo invisible me llevaba y hacía latir mi corazón con fuerza.
Me arrodillé delante de ella; alzó la mirada cristaliza por las lágrimas y me vio sin asombro, como si hubiera estado esperándome.
Sonrió levemente.
- Gracias por venir.-Me dijo.
¿Por qué?¿Por qué era tan perfecta? La tenía ahí, delante mío para gritarle todo lo que me había tragado en ese año de callar, para reprocharle por qué me había dejado tan solo, por qué no había insistido en reconstruir nuestra amistad... y solo quería abrazarla. Todo mi odio se convirtió en amor.
En ese momento sonó el celular que ella tenía en la mano, siguió mirándome como si nada pasara, pero al ver mi confusión dijo:
- Es la tortura que me está llamando, pero no quiero ir... ya no quiero ir más.
Una lágrima brotó de sus ojos.
Yo no sabía qué hacer, la rabia comenzaba a inundarme. ¿Quién la llamaba?¿Por qué la torturaba? No me pude contener y le pregunté sin pensar quién era. Sonrió, parecía burlarse de mi ingenuidad, y me dijo:
- Ojalá fuera “quien”. Así por lo menos podría luchar.
En ese momento no entendí lo que quería decir, ¡Que estúpido fui! Tampoco pregunté, solo la abracé y luego, hice lo que había faltado un año antes en nuestra primera conversación en ese lugar... la besé.
Un beso que duró una eternidad. Aún puedo sentir su labios húmedos de lágrimas. Un beso suave y perfecto... como ella.
Al mirarla nuevamente pude ver que esa tristeza tan profunda que vi a la mañana en sus ojos brotaba ahora por cada poro de su rostro, las lágrimas caían por sus mejillas y me sentí un monstruo por haberle causado tanto dolor, sentí rabia con migo mismo.
Le pedí perdón con voz temblorosa y me fui casi corriendo.
Al doblar en la esquina pude verla, inundada en un llanto silencioso, mirándome.
Fue la última vez que la vi.
Una semana después, cuando no pude contener más mi necesidad de verla, fui a llamar a su puerta y me atendió uno de sus hermanos.
Me dijo que el día anterior ella, sus padres y una de sus hermanas habían viajado a Buenos Aires, para internarla de urgencia en una clínica especializada en enfermos de leucemia y que estaba muy grave.
No me atreví a preguntar nada más.
Mientras caminaba a mi casa sentía que me derrumbaba a pedazos, no podía ser posible, ¡En qué extraña pesadilla estaba!
Lloré y destrocé mi habitación, me sentía impotente.
Tres días después reuní suficiente dinero para viajar, averigüé la dirección de la clínica a través de unos amigos y me fui sin decirle a nadie.
Cuando llegué vi a su hermana en el bar. Al verme se sorprendió. Podía ver el cansancio extremo en su rostro.
Le dije que necesitaba verla y me contestó que era imposible, que solo su madre podía entrar a terapia. Hablaba con voz apagada. Pregunté si iba a estar bien, me negó secamente con la cabeza. Es increíble cómo estás situaciones cambian a las personas. La mujer sentada delante de mí aparentaba diez años más de los que realmente tenía, y siempre había sido extremadamente simpática... en ese momento ni siquiera tenía fuerzas para hablar.
Me hablaba cada vez más indiferente diciéndome que me fuera a mi casa, que no tenía sentido que estuviera ahí. Yo le dije que quería que ella supiera que estaba ahí, ella comenzó a llorar en silencio y me dijo que ya casi perdía la audición y la vista y apenas hablaba, era casi imposible que entendiera.
Creo que se compadeció de mí al ver mi cara de desilusión porque luego de unos minutos me dijo que iba a decirle a su madre para que intentara.
Me miró unos segundos más y se levantó.
La seguí hasta la zona de terapia, entró y yo me senté a esperar.
Creía que la vería salir por esa puerta tan viva y feliz como siempre y que me abrazaría y me diría que no me preocupara, que cuando le dieran de alta seríamos felices...
Luego de lo que pareció una eternidad su hermana salió, con los ojos llenos de lágrimas.
Me dio una carta y me explicó que la había escrito antes de viajar y la había guardado porque sabía que yo iría.
Luego me dejó solo.
Desplegué el papel con manos temblorosas y leí ansioso.
“Nada me hace más feliz que saber que estás con migo. El que hayas venido después de tanto tiempo me da fuerzas para asumir lo que me pasa.
Me estoy muriendo, y no lo puedo evitar.
Pero no estoy triste por mí, sé que me voy a un mejor lugar. Me duele el alma por los que se quedan, por mi familia, mis amigos... por vos.
Los dos sabemos que nunca nos peleamos, simplemente nos quisimos demasiado. Y nos dimos cuenta tarde.
No olvides que siento como vos, cada gota de tus sentimientos es una gota de los míos también.
Cuidate, y no hagas locuras, así podremos vernos cuando sea el momento.
Gracias por haberme devuelto el alma con ese beso.”
No tenía firma, pero era íntegramente suya.
Volví esa noche a mi casa con una sensación de victoria pero a la vez de fracaso. Victoria porque supe que una vez por lo menos la hice feliz y fracaso porque un par de paredes habían podido impedir que la viera.
Dos semanas más tarde falleció.
No la velaron, ella no quería. Recuerdo que en una de esas largas charlas en la vereda me lo había dicho.
Se puede decir que la extraño... desesperadamente la extraño, pero estamos unidos, ese beso nos unió, como nos unía el deseo cuando estábamos peleados.
Pero ya va llegar el momento de volver a verla, mientras intento no hacer locuras.
Y la recuerdo cada día, como ese ángel perfecto que amé y odié tanto a la vez.
Un ángel que viene a besarme cada noche... para unirnos un poquito más.
Terminado el 27/11/2006.-
Pero todo esto no hizo falta. Al llegar a la esquina la vi sentada en la vereda, esa vereda que tantas veces había sido nuestro confesionario y testigo de nuestro amor, oculto aún de nosotros mismos.
Miraba el suelo, perdida.
Casi sin darme cuenta me vi caminando en su dirección, un hilo invisible me llevaba y hacía latir mi corazón con fuerza.
Me arrodillé delante de ella; alzó la mirada cristaliza por las lágrimas y me vio sin asombro, como si hubiera estado esperándome.
Sonrió levemente.
- Gracias por venir.-Me dijo.
¿Por qué?¿Por qué era tan perfecta? La tenía ahí, delante mío para gritarle todo lo que me había tragado en ese año de callar, para reprocharle por qué me había dejado tan solo, por qué no había insistido en reconstruir nuestra amistad... y solo quería abrazarla. Todo mi odio se convirtió en amor.
En ese momento sonó el celular que ella tenía en la mano, siguió mirándome como si nada pasara, pero al ver mi confusión dijo:
- Es la tortura que me está llamando, pero no quiero ir... ya no quiero ir más.
Una lágrima brotó de sus ojos.
Yo no sabía qué hacer, la rabia comenzaba a inundarme. ¿Quién la llamaba?¿Por qué la torturaba? No me pude contener y le pregunté sin pensar quién era. Sonrió, parecía burlarse de mi ingenuidad, y me dijo:
- Ojalá fuera “quien”. Así por lo menos podría luchar.
En ese momento no entendí lo que quería decir, ¡Que estúpido fui! Tampoco pregunté, solo la abracé y luego, hice lo que había faltado un año antes en nuestra primera conversación en ese lugar... la besé.
Un beso que duró una eternidad. Aún puedo sentir su labios húmedos de lágrimas. Un beso suave y perfecto... como ella.
Al mirarla nuevamente pude ver que esa tristeza tan profunda que vi a la mañana en sus ojos brotaba ahora por cada poro de su rostro, las lágrimas caían por sus mejillas y me sentí un monstruo por haberle causado tanto dolor, sentí rabia con migo mismo.
Le pedí perdón con voz temblorosa y me fui casi corriendo.
Al doblar en la esquina pude verla, inundada en un llanto silencioso, mirándome.
Fue la última vez que la vi.
Una semana después, cuando no pude contener más mi necesidad de verla, fui a llamar a su puerta y me atendió uno de sus hermanos.
Me dijo que el día anterior ella, sus padres y una de sus hermanas habían viajado a Buenos Aires, para internarla de urgencia en una clínica especializada en enfermos de leucemia y que estaba muy grave.
No me atreví a preguntar nada más.
Mientras caminaba a mi casa sentía que me derrumbaba a pedazos, no podía ser posible, ¡En qué extraña pesadilla estaba!
Lloré y destrocé mi habitación, me sentía impotente.
Tres días después reuní suficiente dinero para viajar, averigüé la dirección de la clínica a través de unos amigos y me fui sin decirle a nadie.
Cuando llegué vi a su hermana en el bar. Al verme se sorprendió. Podía ver el cansancio extremo en su rostro.
Le dije que necesitaba verla y me contestó que era imposible, que solo su madre podía entrar a terapia. Hablaba con voz apagada. Pregunté si iba a estar bien, me negó secamente con la cabeza. Es increíble cómo estás situaciones cambian a las personas. La mujer sentada delante de mí aparentaba diez años más de los que realmente tenía, y siempre había sido extremadamente simpática... en ese momento ni siquiera tenía fuerzas para hablar.
Me hablaba cada vez más indiferente diciéndome que me fuera a mi casa, que no tenía sentido que estuviera ahí. Yo le dije que quería que ella supiera que estaba ahí, ella comenzó a llorar en silencio y me dijo que ya casi perdía la audición y la vista y apenas hablaba, era casi imposible que entendiera.
Creo que se compadeció de mí al ver mi cara de desilusión porque luego de unos minutos me dijo que iba a decirle a su madre para que intentara.
Me miró unos segundos más y se levantó.
La seguí hasta la zona de terapia, entró y yo me senté a esperar.
Creía que la vería salir por esa puerta tan viva y feliz como siempre y que me abrazaría y me diría que no me preocupara, que cuando le dieran de alta seríamos felices...
Luego de lo que pareció una eternidad su hermana salió, con los ojos llenos de lágrimas.
Me dio una carta y me explicó que la había escrito antes de viajar y la había guardado porque sabía que yo iría.
Luego me dejó solo.
Desplegué el papel con manos temblorosas y leí ansioso.
“Nada me hace más feliz que saber que estás con migo. El que hayas venido después de tanto tiempo me da fuerzas para asumir lo que me pasa.
Me estoy muriendo, y no lo puedo evitar.
Pero no estoy triste por mí, sé que me voy a un mejor lugar. Me duele el alma por los que se quedan, por mi familia, mis amigos... por vos.
Los dos sabemos que nunca nos peleamos, simplemente nos quisimos demasiado. Y nos dimos cuenta tarde.
No olvides que siento como vos, cada gota de tus sentimientos es una gota de los míos también.
Cuidate, y no hagas locuras, así podremos vernos cuando sea el momento.
Gracias por haberme devuelto el alma con ese beso.”
No tenía firma, pero era íntegramente suya.
Volví esa noche a mi casa con una sensación de victoria pero a la vez de fracaso. Victoria porque supe que una vez por lo menos la hice feliz y fracaso porque un par de paredes habían podido impedir que la viera.
Dos semanas más tarde falleció.
No la velaron, ella no quería. Recuerdo que en una de esas largas charlas en la vereda me lo había dicho.
Se puede decir que la extraño... desesperadamente la extraño, pero estamos unidos, ese beso nos unió, como nos unía el deseo cuando estábamos peleados.
Pero ya va llegar el momento de volver a verla, mientras intento no hacer locuras.
Y la recuerdo cada día, como ese ángel perfecto que amé y odié tanto a la vez.
Un ángel que viene a besarme cada noche... para unirnos un poquito más.
Terminado el 27/11/2006.-
Espero sus comentarios y muchas gracias por leerme!
Estaba esperando a que la escribieras entera.
ResponderSuprimirMe ha encantado, muy bonito y emotivo.
A mí también me gusta tu blogg.
Y gracias.
Me encanta esta história, aunque es muy triste :(
ResponderSuprimirEspero que la mía no acabe así ;), me has dado ganas de terminar mi cuento, me has dado el empujoncito que necesitaba para acabar lo que nunca me atreví a terminar.
Gracias, mañana hablaré con él.
Tequiero ;) Un beso :*
o0la**
ResponderSuprimiromg!!!!! no puedo creerlo pense por un momento en que se hiban a quedar juntos pero bueno no siempre en la vida real se termina con un "y vivieron felices para siempre"**
muchisimas gracias por tus comentarios en serio de hecho me siento alagada , la verdad no me imaginaba que mis palabras le llegaran a alguien juijijij**
es que a veces soy muy mmm egoista y a veces materialista jajaja pero creo que todos tenemos nuestro lado oscuro no... no puedo imaginarme un mundo sin el color negro ajaajjaja**
take care**
bye bye**
bella bella!!
ResponderSuprimirrealmente hermosa historia
Hermosa historia...
ResponderSuprimirUn final q no me esperaba..un poco triste..pero eso es lo que le da realidad..
Nos leemos.